"Un hombre está ahí, tendido en el suelo: le veis, hasta podéis tocarlo. Pero sucede que está muerto, algo invisible le ha abandonado, ese algo que le hacía caminar, amar, hablar, pensar. Y podéis depositar junto a él todo el alimento y los tesoros del mundo diciéndole: “Todo eso es para ti, amigo, ¡alégrate!” Es inútil, no se mueve. Entonces, ¿cómo se puede, después, dudar de la existencia de un mundo invisible?
El mundo visible - aquí, el cuerpo - no es nada si no está animado, sostenido por el mundo invisible. Detrás de lo visible, siempre hay que buscar lo invisible. Si el mundo existe para nosotros, si podemos ver el cielo, el sol, es gracias a ese principio invisible en nosotros, que nos permite descubrirlos a través de esos instrumentos visibles que son nuestros ojos. Si ese principio invisible no estuviese ahí, nuestros ojos no nos servirían de nada, no veríamos. El mundo visible no es más que la envoltura del mundo invisible, sin el cual no podríamos conocer nada de todo lo que existe a nuestro alrededor."Omraam Mikhaël Aïvanhov
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